DOS GOLPES MÁS
Pastor: Luis H. Rodríguez F
Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! 15Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas. 16Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey, 17y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos. 18Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. 19Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria. (II Reyes 13:14-19)
Los seres humanos somos dados a rendirnos. Luchamos, peleamos, empujamos, pero en el momento menos esperado: desistimos, dejamos ir, bajamos los brazos, bajamos la guardia, desmayamos. Toda la Escritura es un llamado a la perseverancia, a continuar hasta alcanzar lo prometido, hasta llegar a la meta, hasta alcanzar el premio.
Siempre se les puso de frente a los hombres y mujeres de fe en la Palabra, una meta, una promesa. El alcanzarlas conllevaría fe en el que habló y prometió y por otro lado: esfuerzo, trabajo y persistencia por parte de aquél a quien se le prometió.
Utilizaremos varias palabras en el mensaje que recogen la idea de lo que quiero comunicarles en esta noche. Son las siguientes: perseverar, persistir, no te rindas.
Nosotros no perseveramos, no persistimos en vano. Hay una promesa que Dios mantendrá, hay promesas individuales que Dios ha hecho a cada uno de nosotros y hay cientos de promesas recogidas en la Palabra de Dios para todos nosotros. El llamado hoy es: ¡NO SE RINDA! ¡PERSISTA UN POCO MAS!
Vayamos a la historia en 2 Reyes. Eliseo está en su lecho de muerte, ya era anciano, estaba enfermo y moriría de esa enfermedad. El había sido la voz profética por más de 40 años para el pueblo de Israel.
El rey de turno, Joás, reconocía la voz profética en Eliseo y fue a verlo desesperado porque al morir Eliseo, ¿qué sucedería con sus enemigos? ¿Prevalecerían contra Israel?
El profeta Eliseo lo recibe, oye su clamor y le pide que haga algunas cosas que parecen absurdas, v.15: busca un arco y flechas, empuña el arco, el profeta puso la mano sobre la mano de Joás, le pide que tire al viento por la ventana del oriente, le declara que exterminará a sus enemigos. Luego le pide que tome las flechas, ¿y ahora qué? Que golpee el suelo con las flechas. ¡Qué locura! ¡Qué tontería! ¡Qué ridiculez!
Joás sabía que las flechas son para lanzarlas con el arco contra el enemigo, ¡no para golpear el suelo!
Lo que no entendía era que las órdenes de Dios son para obedecerlas, no para cuestionarlas.
Para recibir una victoria completa, para recibir el premio, para alcanzar la meta, para recibir los plenos beneficios del plan de Dios, se requiere obediencia y perseverancia.
Joás tomó las flechas, "el profeta dice que golpee, pues voy a golpear, pero, ¿hasta cuándo? No me veo muy bien que digamos haciendo este ridículo. Una, dos, tres. Ya es suficiente. No voy a continuar con esta tontería, ya se acabó".
Joás perdió la conquista de sus enemigos por no perseverar, por no persistir, por rendirse demasiado pronto.
No sabe lo que es perseverancia, si hubiera continuado golpeando aunque no tuviera sentido, si hubiera continuado golpeando por dos veces más, sólo dos veces más, hubiera liquidado a sus enemigos para siempre.
Quizás en la situación que usted está viviendo hoy, la orden es golpea una vez más o hasta 10 si es necesario, lo importante es: no se rinda hasta que vea el cumplimiento de lo prometido, hasta que alcance el sueño, hasta que llegue a la meta.
Si no continúa golpeando nunca sabrá cuán cerca puede estar usted de la victoria.
Quizás lo único que falta es que ore una vez más, que adore una vez más, que alabe una vez más, que levante las manos una vez más, que se quebrante una vez más, que clame una vez más, que grite una vez más, que llore una vez más, que de una vez más, que ofrende una vez más, que perdone una vez más, que olvide una vez más, que ame una vez más, que vaya a otra entrevista una vez más, y después, ¡LA VICTORIA, LA BENDICION, LA PROMESA CUMPLIDA!
Está en la salida de la carrera, el silbato ha sonado, sale corriendo. El llamado es a correr para ganar, correr directo a la meta. No se canse de hacer lo correcto, no se desanime, no se rinda, siga esforzándose, siga orando hasta que sea lo que Dios desea que usted sea, hasta que vea el cumplimiento de lo prometido. Olvide el pasado, mire hacia adelante.
¿Que sufrirá mientras persevera? Sí, es cierto, pero hágalo como un valiente soldado de Jesucristo, sin enredarse en los afanes de este mundo, porque eso le distraerá.
Trabaje duro, como el agricultor que espera buena cosecha.
V No se rinda aunque las cosas no comiencen bien.
V No se rinda aunque otros no le apoyen, incluso su familia.
V No se rinda aunque vea que el recorrido está lleno de sorpresas a veces no muy agradables.
V No se rinda aunque vea que se está tardando mucho en cumplirse la promesa.
V Dios siempre hace bien las cosas, aunque pase un largo tiempo.
V Dios siempre hace bien las cosas, aunque lo que diga parezca absurdo.
V Dios siempre hace bien las cosas, aunque lo cuestionemos.
V Dios siempre hace bien las cosas, aunque no comprendamos.
Lo que a mí me corresponde hacer es perseverar, persistir, no rendirme.
Perseverar implica que habrá alguna medida de lucha, de adversidad, de prueba y en medio de todo eso, no me rindo, no me doy por vencido, no desmayo. Así se muestra la realidad y seguridad de mi fe.
Conclusión:
¿Qué me hace perseverar? ¿Cómo persisto? ¿Qué es lo que hace que no me rinda?
Salmo 27:13: "Hubiera yo desmayado (me hubiera rendido) si no hubiera creído que había de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes". Creer que Dios sigue siendo bueno y que su bondad se hará manifiesta, me hace perseverar, no rendirme, no desmayar.
Salmo 61:2: "…cuando mi corazón desmaya…" (Cuando esté por rendirme). Aún en mi peor momento, cuando pareciera que no hay ya esperanzas, pareciera que estoy atrapado en el fondo del abismo, lo llamo, lo invoco, le grito, le clamo una vez más y me lleva a una roca alta, más alta que yo.
Isaías 41:10: "…no desmayes…" (No se rinda, no se desaliente). Persevere, sosténgase, no desmaye, no se rinda, puede estar a un paso de su milagro, a un paso de su respuesta, a un paso de su bendición, a un paso de la puerta abierta, a un paso de ese trabajo, a un paso de la sanidad, a un paso, a un aleluya, a un clamor, a una alabanza, golpee una vez más, aunque parezca ridículo, absurdo, aunque parezca que lleva ya demasiado tiempo golpeando, ¡NO SE RINDA, PERSEVERE, PERSISTA!
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